Análisis y debate sobre las actuales tendencias de la evaluación educativa en la cultura occidental

En la búsqueda por profundizar y consolidar la construcción de una pedagogía propia de las Naciones y Pueblos Indígenas Originarios, el Comité Nacional de Coordinación de los Consejos Educativos de los Pueblos Originarios (CNC – CEPOs), impulsado por un espíritu de apertura hacia la practica intercultural de la educación, ha promovido espacios de reflexión y análisis sobre las tendencias actuales en la evaluación educativa desde la visión de la cultura occidental. Así, de esta manera, generar insumos conceptuales, metodológicos y técnicos para enriquecer el debate actual sobre la educación en el Estado Plurinacional y en el ámbito de la aplicación de la ley Avelino Sinañi – Elizardo Pérez.

En este sentido, se han organizado dos mesas redondas para analizar y debatir el tema de la evaluación educativa. Una de ellas realizada en la ciudad de Santa Cruz, el 29 de enero del año en curso, con la participación de Micaela Princiotto y María Lourdes Cavero, en calidad de expositoras, y Augusto Jáuregui, en calidad de comentarista. Dicho evento fue realizado en el auditorio de Escuela Superior de Formación de Maestro “Enrique Finot”. La otra mesa redonda se realizó en la ciudad de La Paz, el 6 de febrero del año en curso, con la participación de Marco Antonio Salazar, Melva Layme y Vidal Coria, en calidad de expositores/as, y -en calidad de comentaristas- Beatriz Pérez y Aida Ferreyra. Dicho evento fue realizado en el auditorio del Instituto Internacional de Integración del Convenio Andrés Bello.

A modo de resumir algunas de las principales conclusiones vertidas en las mesas de debate, es posible señalar que la genealogía del concepto de “evaluación”, desde la tradición educativa occidental, muestra que la evaluación es una categoría social, y es más, en sí misma constituye una práctica de categorización social. Establece diferencias y, sobre la base de valores asociados con el “deber ser” y lo “socialmente aceptado”, promueve criterios de distinción: entre el éxito y el fracaso, entre la cohesión y la censura. Por ello, la evaluación podría entenderse como un recurso que genera circulación y acumulación de capital cultural. Entonces, cabe la pregunta: ¿quién o quienes deciden qué evaluar? Esta interrogante da paso a la dimensión política de la evaluación, que suele constituirse como un medio que sirve para juzgar y legitimar (o deslegitimar), no solamente ya a los estudiantes en los procesos escolarizados o de educación formal, sino a las personas con relación a los paradigmas de la modernidad. Este planteamiento abre por lo menos dos caminos sobre los cuales hay que seguir investigando y debatiendo: uno referido al replanteamiento de la evaluación educativa como instrumento de transformación y cambio social, y, el otro, a las consecuencias de la institucionalización de las prácticas culturales en la escuela.

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